Monday, 22 April 2013

La colección (The Art Dealer)

El estilo delataba rasgos de carácter de cada uno de ellos. Iban desde pinturas figurativas, retratos, autoretratos, paisajes, bodegones, hasta motivos abstractos, geométricos, monocromáticos, y uno que otro collage.

Leía en su sala, también galería, y de vez en cuando repasaba cada uno de los cuadros. Detrás de ellos había una historia de cortejo, de ilusión efímera, de aventura desenfrenada, de rompimientos y también de dramas inútiles. El sillón quedaba estratégicamente al centro y le permitía que con un ligero giro su cabeza pudiera observar cada obra. El espacio era amplio. Parecía un estudio semivacío. Estaba, además, una pequeña mesa a lado, y una lámpara de piso que asemejaba una rama caída. Uno que otro librero irrumpía la ordenada y pulcra colocación de los cuadros. Pero faltaba una pintura que nunca le llegó ni pudo colgar en alguna de esas paredes. El último amante que había prometido venderle un cuadro incumplió su palabra...

Cuando llegó a la cita, en aquel lujoso restaurante, pensaba en que no sólo era la admiración por su talento en combinación con cierta atracción física, sino también, en esta ocasión, un genuino deseo por su compañía. Volteó al gran ventanal, miró el Danubio y del otro lado la ciudad vieja, seguramente el frío había arreciado, pensó; se quedó estático, invadido por la duda.

Desde lejos lo vió entrar sin traer nada en las manos. Se aproximó a la mesa y ni siquiera lo dejó sentarse; de inmediato le reclamó el porqué había vendido el cuadro sin avisarle. Sin importar quién escuchara, elevando el tono, le dijo: "Estoy triste. ¡Faltaste a la promesa! ¿No querías que tuviera la pintura en mi casa?". El joven pintor contestó con cierta duda, pero más bien asustado por la reacción desbordada de aquel hombre: "No me dejaré engañar.¡No tendrás ninguna de mis obras!, mi presencia está aquí".

Ciudad de México.

Abril 5, 2013.

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